sábado, 21 de febrero de 2009

La Autopista del Sur y otras historias

Los lectores solemos ser como los buitres, y es la noticia de la muerte de un escritor la que nos impulsa a leer alguno de sus libros. Con el que vamos a comentar sucedió algo parecido, solo que esta vez se trata de un renacimiento (merecido, pero innecesario) de Julio Cortázar, motivado por cumplirse 25 años de su fallecimiento.

Cadenas en Internet, comentarios en los peródicos, noticias anunciando reediciones y hasta inéditos, me convencieron de volver a alguno de sus libros, o mejor de leer alguno que pasé por alto.

Así llegué a "La Autopista del Sur y otras Historias", antología de cuentos de Cortázar, preparada por Luis G. Martín.

Se trata de 8 relatos, entre los que se encuentran algunos muy famosos, como "Continuidad de los Parques" y "No se culpe a nadie", que le sirven al editor para analizar la visión cortazariana de la literatura y de la vida. De allí el extenso prólogo. Y le sirven también para proponerle al lector una serie de actividades, a manera de control de lectura, que nos parecen lo menos relevante de este libro.

Yo quiero comentar aquí el cuento "La Autopista del Sur", que es el que le da el nombre al libro.
La historia discurre en una autopista francesa en donde se ha producido un atolladero "fantástico" que dura muchos días y que obliga a los conductores a establecer relaciones de cooperación, de enemistad, de odio, de amor, de sexo, delicuenciales etc. que van a constituir un microcosmos que funciona de manera diferente, por un lado, y similar, por otro, que el macrocosmos que es representado por París en el cuento.
Así resulta que ese tramo interminable de la autopista va adquiriendo características claustrofóbicas, acentuadas por el encierro en los vehículos, pero que al mismo tiempo van cargándose de vida hasta el punto que se convierten en la vida misma (una conductora resultará embarazada); y entonces como que todo se trastoca y la cárcel es el mundo de afuera, y el mundo de afuera, la cárcel. Los reos, al menos algunos de ellos, no quieren salir de sus vitalizadas celdas.
Pero así como quedaron prisioneros contra su voluntad en la autopista, así quedan libres, contra su voluntad, cuando los autos empiezan a correr y no hay manera de detenerse. Allí el sentido doblemente fatalista del relato: sea para bien o para mal, solo somos marionetas del destino.
Como trasfondo, el tiempo se desdibuja y adquiere una relatividad subjetiva que solo encuentra asidero en el espacio: a lo lejos se divisa una ciudad. Nuestra tragedia es atemporal y se sucede aquí (donde quedamos prisioneros) y allá (cuando nos llevan a donde ya no queremos ir).
Es inevitable no pensar en "Ensayo sobre la ceguera" de José Saramago, pero Cortázar escribió muchos años antes que el Nobel portugués, otra razón para seguir admirándolo y sobre todo para seguir leyéndolo.

La Autopista del Sur y otras historias, Julio Cortázar, Ed. Bruño, 1991. Edición, introducción, notas y actividades de Luis G. Martín.

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