martes, 29 de septiembre de 2009

Cuente don Pepe cuente

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “CUENTE DON PEPE… CUENTE (2)”

José Luis Ramos Salinas

ramosdesal@yahoo.com

Texto leído con motivo de la presentación del libro “Cuente don Pepe… cuente” de José Falconí Picardo, llevada a cabo el 6 de enero del 2007 en las instalaciones del Club Internacional de Arequipa, Perú

Cuente don Pepe… Cuente, es el título del libro que se me ha pedido que comente, y la verdad que tal tarea me resulta sumamente interesante y hasta un reto, porque el libro aludido es una colección de cuentos con intenciones de proverbio que intentan influir moralmente en el lector inculcándole o haciéndole ver el valor y la necesidad de ciertas virtudes como el amor a Dios, la abstinencia, la previsión, el patriotismo y otras que me son, como saben los que me conocen, casi completamente ajenas. Es por ello, porque no tengo ayuda del más allá y porque mi cerebro a estas alturas ya no es completamente confiable, que he traído mi comentario escrito para que así se pueda entender mejor lo que quiero decir.

Es preciso, sin embargo, decir que las discrepancias señaladas no me disgustan en lo absoluto, sino todo lo contrario, pues siempre es más provechoso leer cosas que no concuerdan completamente con lo que uno piensa o hace, que leerse a uno mismo en las obras de otros. Además, este hecho convierte a esta presentación en un acto más democrático libre de las lisonjerías que son habituales en este tipo eventos y que los convierten casi en un monólogo tedioso, perdiéndose la oportunidad de un diálogo acerca de la obra que espero con mis palabras poder iniciar.

A menudo mis amistades me preguntan: “¿algún día te vestirás de gente?” Así que como verán esta noche hice mi mejor esfuerzo por parecer “formal y cortés” como dice la canción, claro que viéndoles a ustedes siento que no lo he logrado del todo, en fin, siempre es bueno conservar algo de autenticidad, a veces es lo único que nos queda. Y en ese sentido un primer mérito que hay que reconocer a José Falconí Picardo es que su libro es auténtico en el sentido cabal de la palabra, aquí no hay impostación ni amaneramiento alguno. Yo apenas conozco al autor, esta es la segunda vez que lo veo en mi vida, pero no necesito más para darme cuenta que quien se sienta frente al procesador de textos a la hora de escribir sus cuentos, es el mismo José Falconí que camina por las calles, que trabaja en su oficina, que conversa con su familia, y que juega con los más pequeños. Basta leer sus cuentos para darse cuenta de esto de manera inmediata.

Entonces, si decimos que el autor del libro es José Falconí, ni más ni menos, es necesario decir quién es José Falconí, pero mejor dejemos que el se describa así mismo, en la solapa del libro dice lo siguiente: “contador público, licenciado en educación, articulista y comentarista, docente universitario, administrador por vocación, cocinero por necesidad, jardinero por obligación, chofer de jaranas por abstemio, parrillero por voluntad, quiropráctico por emergencia, podólogo por absoluta necesidad del paciente, gasfitero, carpintero, peluquero, pintor, crítico y consejero por metiche”. La autobiografía sigue, pero detengámonos aquí un momento. Como se puede apreciar, Don Pepe es mil oficios, pero no consigna en la larga lista, el de escritor. Eso me parece importante y revelador para entender la obra que comentamos, pues en nuestro parecer, no tiene mayores pretensiones literarias, aquí no hay nadie tras un comentario auspicioso en la página de crítica literaria de algún diario nacional, sino que las preocupaciones del autor marchan por otro lado, ¿por qué lado? Eso lo descubrimos cuando seguimos leyendo la contratapa, dice nuestro autor de sí mismo que es “hijo de sus padres, hermano de sus hermanos, tío de sus sobrinos, amigo de sus amigos”. Yo creo que este libro es eso, sobre todo, un regalo para los amigos, o como dice en la dedicatoria: para los ahijados.

Pero no es un regalo de esos que se hacen para salir del paso o para desprenderse de un regalo recibido y que no nos gustó, sino que es de esos regalos con los que se espera ayudar a quien lo recibe, es uno de esos regalos que uno recibe agradecido por lo útil que nos resultará.

Y es que aunque Don Pepe, diga en el prólogo que la edad lo ha convertido en tío de todos, en realidad lo que quiere es hacernos a todos sus sobrinos, tiene el autor una vocación por el consejo (el que se escribe con s) que lo lleva a invertir dinero, tiempo y esfuerzo en publicar libros que espera puedan ayudar a sus sobrinos a tener una vida mejor. Es pues, uno de esos tíos, con los que uno no siempre está de acuerdo, pero que todos quisiéramos tener. Es de los tíos que dan propina, de los que visitan en Navidad y en los cumpleaños con un regalo. Hoy no es ni nuestro cumpleaños, ni Navidad, pero nuestro tío no se ha amilanado y nos ha traído este regalo. Y es que es bajada de Reyes, la fecha escogida para la presentación del libro, a ese respecto resulta también reveladora.

Y siendo José Falconí el tío de todos, sus historias no pueden ser de esas que sólo le suceden a una persona en un millón, sino de esas que componen la vida de todo el mundo; los personajes de sus cuentos son como él mismo se describe en la solapa: “un ciudadano cualquiera de una ciudad cualquiera”.

Pero para que no digan que sólo he leído la solapa, continuemos con nuestro análisis.

No sólo los personajes y el autor son como cualquiera, sino que del lector tampoco se exige otra cosa, los cuentos están concebidos de tal manera que pueden ser perfectamente abordados y entendidos por el gran público, no hay pretensiones lexicográficas para presumir de erudito, ni enrevesadas figuras literarias dirigidas a la elite, lo que sumado a su formato de cuento breve, convierte a este libro en uno de fácil y amena lectura. Y es que, pienso yo, ese es el objetivo de nuestro autor, llegar a la mayor cantidad de gente posible. Ya hemos dicho que este libro ha sido concebido como un regalo, pero no es un regalo cualquiera, es un regalo para todos. Se me podrá objetar que los aquí presentes han pagado por el libro, pero debo corregirles, lo que se ha pagado a lo sumo es el papel, las tapas, la impresión; pero un libro es mucho más que eso, yo soy de los que creen que los libros son intangibles, son una suerte de fantasmas que merodean en medio de las letras, lo que han pagado es eso, las letras; los fantasmas, que es lo verdaderamente valioso, son el regalo de Don Pepe.

Hemos dicho hace un instante que José, mi tocayo, no tiene ínfulas de literato, pero sí tiene pretensiones de pedagogo, de hecho es profesor, pero no se trata de uno cualquiera, sino de aquellos que conciben la experiencia como sabiduría. En el último cuento titulado “Jíbaro” la joven especialista en psicología no puede encontrar y mucho menos resolver el problema de la niña protagonista, esa tarea la van hacer dos viejos maestros jubilados. Estamos pues ante una obra didáctica, en el sentido que pretende enseñar a los que leen, y en el sentido que está escrita desde la sabiduría que dan los años. Repetimos, don Pepe es nuestro tío, y nosotros los sobrinos, no podemos menos que quererlo y agradecerle su regalo.

El libro se inicia con una noticia de la imprenta casi surrealista, dice: “El interior de esta publicación se ha impreso en papel bond de 75 gr., con tinta ecológica negro intenso; la cubierta, en cartulina foldcote calibre 12, con tintas ecológicas a todo color y baño de plástico impermeabilizante; y el empaste, en vulcanización asfáltica con fibra sintética”. Felizmente, es la única parte del libro que no se entiende, el resto es diáfano y hoy en día esa es una virtud a tener en cuenta.

Los nombres de los personajes de los 11 cuentos que componen el libro merecen un comentario: Juan, María, Pedro, Quico, don Lucho, José, Rosa, Germán, Enrique, Jaime, Jorge, Ruth, etc. Como ven: ciudadanos cualesquiera de una ciudad cualquiera, y sus historias le pueden pasar también a cualquiera, ese es también otro mérito. Y es que nuestro escritor, contrariamente a la moda posmoderna, no está obsesionado por la forma, sino por el contenido, por el mensaje: nadie muere de amor, el amor a la patria, el mundo da vueltas, no es fácil salirse con la suya, no debemos darnos por vencidos, el amor familiar, el derroche, la importancia de la fe en Dios, el trabajo y la envidia, y el amor por los niños podrían haber sido, por tesis o por antítesis los títulos de los cuentos que componen el libro que nos reúne esta noche; pero si se fijan, sólo he trucado 10 títulos, me falta uno, se trata del que lleva por nombre “El Cumpleaños”, que es el que más me gusta y el que no suelta la moraleja tan espontáneamente como los otros, se trata de una celebración onomástica como lo revela el título, en la que no pasa nada extraordinario, salvo un inofensivo corte de electricidad por la mañana; pero que sin embargo muestra la tragedia humana en toda su magnitud, ninguno de los planes que se hizo la cumpleañera pensando en su felicidad se cumple, se cumplen más bien los de los otros, pero estos otros la quieren, son sus amigos y familiares, pero inadvertidamente desnudan su vida tal como es: privaciones, dedicación a los otros, una vida casi ajena. Ella sólo quería un par de zapatos nuevos, pero al final de la jornada solo obtuvo una enorme pila de platos sucios. Hay algo del naturalismo francés es este cuento, acaso sea el único en el que se filtra un pesimismo filosófico. Al leerlo no pude evitar recordar a Carver, el escritor norteamericano que se caracteriza por escribir supuestamente historias cotidianas, esas que les pasan a los ciudadanos cualesquiera de una ciudad cualquiera, pero que al final nos dejan desnudos, tiritando de frío, miserables como somos. Ciorán, el filósofo rumano, también viene a colación cuando en su libro: “De la inconveniencia de haber nacido”, sentencia que la tragedia humana no es la muerte, sino el nacimiento, y el cuento se trata de un cumpleaños, que cruel paradoja, como si la fecha del natalicio viniera año tras año para develarnos en toda nuestra fragilidad; algo así como la idea del eterno retorno de Niertzche, pero un trágico retorno. No somos super hombres como quería el autor de “Así hablaba Zaratustra”, más bien somos mediocres como tan magistralmente nos retrató José Ingenieros.

Otro cuento que está entre mis favoritos es “Aniversario”, donde una fiesta popular sirve de escenario para retratar casi con sutiliza pero al mismo tiempo descarnadamente, el machismo y el maltrato infantil en su real y espantosa magnitud, y que desgraciadamente es tan frecuente en nuestra sociedad.

Es de mal gusto hablar en una presentación de cada uno de los cuentos, pues les quita el factor sorpresa que a veces es imprescindible para una exacta apreciación de su calidad. Por ello, sólo voy a hablar de uno más: el primer cuento del libro: “Amor y Distancia”.

Se trata de la historia de Juan, María y Pedro. Los dos primeros sostuvieron un intenso romance en los primeros años de universidad y es que como dice el autor, a menudo los templos del saber se convierten en templos del amor, dato curioso porque por lo general el amor está relacionado con un decaimiento en el estudio; bueno, esta pareja no era así, al menos él se dedicaba a su formación profesional con tanto esmero como si fuera un misógino consumado (claro que el amor también tenía su espacio), y esto precisamente hace que obtenga una beca para irse a estudiar al extranjero, por supuesto, vinieron las mentiras universales: pese a la distancia nos seguiremos amando, regresaré para casarnos, te escribiré todos los días, etc. Sólo que esta vez el muchacho estaba dispuesto a cumplir su promesa y su asiduidad epistolar motivó que surgiera una amistad entre María y el cartero, Pedro; esta amistad luego se convertiría en amor y matrimonio, unión que no pudo evitar ni siquiera el regreso de Juan que volvió de los Estados Unidos a cumplir lo prometido. No sé exactamente cuál podría ser el mensaje que José Falconí quiso darnos con este relato, pero la moraleja que se me antoja podría ser: más vale cartero en mano que cien becados volando.

En una sociedad ultramediática, leer es ya un mérito; escribir mucho más, por supuesto; y publicar, casi un acto de heroísmo. Ahora, si se trata de un libro lleno de consejos para la vida en momentos en que la muerte se ha convertido en espectáculo, recordemos la transmisión televisiva del ajusticiamiento de Hussein y que la violencia campea en todos lados: hoy los periódicos nos hablaron de contusos y heridos graves por una gresca descomunal que se inició porque un camión dañó ligeramente un toldo; entonces tenemos que regocijarnos de estar aquí y sentirnos los sobrinos de este tío que sabe transformar su cariño a la humanidad en bellos y emocionantes relatos.

Por ello debo terminar esta presentación, repitiendo la misma frase con la que empecé: Cuente don Pepe cuente…


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